
Luis García Montero: AQVA (2017)
AQVA, Hilario Jiménez Gómez (Cáceres, Editorial Norbanova, 2017)
Este nuevo poemario de Hilario Jiménez es realmente un capricho, una edición preciosa en la que −con las ilustraciones de Deli Cornejo− el autor ha recogido una serie de poemas de todos sus libros que tienen que ver con el agua. Un libro dedicado al agua es un libro dedicado a la vida, en toda su amplitud. Empieza identificando un vaso de agua −el origen cristalino de un vaso de agua− como el territorio del nacimiento de la vida y acaba con una imagen de orines, en un baño, que tiene que ver también con el agotamiento de la vida y con el ciclo que se cierra; aquello que nos alimenta cuando bebemos y aquello que pasa por nosotros y sale de nosotros, como nosotros vamos a salir de la vida.
La organización del libro es muy original porque lo que va haciendo Hilario es coger distintas referencias que tienen que ver con el agua, con la existencia líquida; una existencia que como metáfora invita a pensar en el tiempo que vivimos, en el tiempo en el que habitamos. Una existencia líquida que va matizando todos los detalles de la realidad, desde el licor y la embriaguez de la vida hasta los reflejos que se pueden dar en una superficie acuática, pasando por la lluvia como territorio de la melancolía y de la distancia con el mundo que en ocasiones nos asalta. El autor va planteando las distintas posibilidades de la vida en este mundo acuático; y lo va haciendo también desde distintas perspectivas literarias. Se trata de una antología personal y por eso están todos los matices de su poesía. A mí me gusta comprobar cómo dentro de esta matización aparecen sus poetas y su escritura se convierte en una reescritura, en una escritura de la escritura; y ahí se encuentra uno la reescritura que Hilario hace de Federico García Lorca, la que hace de Miguel Hernández y la manera con que enfoca las tres heridas que heredamos de la poesía hernandiana o la presencia que tiene de Pablo Neruda a través de la imagen de los ríos. De manera que hay un planteamiento generalizado sobre la vida en una reescritura muy rica de sus diferentes maestros.
El motivo del agua representa muy bien los distintos tonos de la poesía de Hilario Jiménez. Y aquí acaba siendo por una parte una poesía como la suya, meditativa, de toma de conciencia de los límites, de las distancias (algunos poemas son poemas escritos en un cementerio); y por otra parte es una poesía celebrativa donde el amor tiene mucha importancia, porque es uno de los patrimonios fundamentales de esa vida que representa el agua y porque es aquello que nos define y que nos da fuerza para poder luchar contra los límites que suponen la hostilidad y la muerte.
El poema «Otoño» −acomodado en el centro de AQVA− con la melancolía de la lluvia y de los tejados se convierte también en una definición moral, en una autobiografía moral; y cuando un poeta se define moralmente está definiendo moralmente el lugar que él considera que ocupa el poeta en la sociedad contemporánea. Y aquí se presenta Hilario como alguien que pertenece a otro tiempo, a un tiempo de moral, de caballeros andantes, de soñadores, de quijotes frente a una realidad que no va precisamente por estos caminos. La mirada sobre el pueblo (su pueblo, Montánchez) es la mirada sobre la realidad y alcanza un simbolismo sobre la realidad que vivimos, el tiempo que vivimos, la sociedad que vivimos; y la mirada sobre el castillo es la mirada con la que se identifica el poeta para definirse ante esa realidad construida por el olvido, construida por la hostilidad de las cosas que tienen poco que ver con la poesía.
Luis García Montero
https://www.aeex.es/el-espejo/ núm. 9 / pp. 81-82